A mi me parece una casi perfecta maniobra para jubilarse, que no morirse.
Es decir, cuando mi tiempo ha pasado, llega el momento de negociar. Las fuerzas empiezan a flaquear. Que mejor que intentar un retiro dorado.
Así pues, armonizada la primera etapa de la transición con Bildu en su puesto de dirección general, solo queda firmar el armisticio con firma reconocida, media docena de escogidos políticos internacionales que me pidan el cese de las armas, así, con ese llamamiento a España y Francia a negociar, me quedo satisfecho. Reconozco que no van a sentarse en la mesa ambos países, pero para entonces ya tengo a mis políticos tomando decisiones y mandando. Todo ese camino empezado hace unos meses, debe quedar ante notario antes de que un nuevo gobierno nos pueda estropear el entramado. Bildu no se debe tocar y se debe seguir permitiendo que nuevas instituciones vayan tomando posiciones.
Está claro que no es una victoria de ETA, en sus horas más bajas y sin futuro, pero el cambio de estrategia, obligado, puede considerarse hasta cierto punto, como un logro abertzale, aunque pírrica, en cierta forma, una victoria.
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